EXPOSICIÓN COLECTIVA “TRANSFERENCIA DE MEMORIAS. PROYECTO SALA DE MÁQUINAS


ENTREVISTA A RENZO VACCARO


En el Museo Nacional Ferroviario Pablo Neruda, emplazado en lo que fue la Casa de Máquinas de Ferrocarriles del Estado en Temuco entre 1930 y 1983, se encuentra instalada la exposición colectiva “Transferencia de Memorias. Proyecto Sala de Máquinas", la cual hace referencia a este mismo espacio de importancia patrimonial. La propuesta de orden contemporáneo incluye el trabajo de cinco artistas visuales de la región, pertenecientes al Laboratorio de Arte y Cultura, la cual estará disponible al público hasta el 14 de noviembre.



La muestra constituye una experiencia particular, en tanto aborda desde la fotografía, el video y la instalación - a decir de Renzo Vaccaro, director de la Escuela de Arte de la Universidad Católica de Temuco y uno de los cinco artistas expositores - una reflexión política, tecnológica, histórica y laboral del mundo de los trabajadores de Ferrocarriles del Estado.

Presentamos aquí toda la entrevista realizada a Vaccaro, quien nos señala de modo clarificador aspectos fundamentales de este trabajo colectivo.

¿Cuéntanos quienes participan de esta muestra y cuáles son sus disciplinas?

Los integrantes de este colectivo son Julio Briones, Jorge Olave, Cristian Wenuvil y Gonzalo Cueto. Yo diría que todos ellos, se inscriben en lo interdisciplinar, ya que apelan a distintos lenguajes visuales y sonoros, a veces de manera experimental y otras de manera más predeterminada. Quizás de manera algo obvia, esta interdisciplinariedad, se encuentra en lo audiovisual, (imagen en movimiento y sonora), y dentro de ello, reverberan otras dimensiones de lo artístico, incluso el dibujo, la pintura y porqué no la poesía. Quizás la postura más tradicional es la mía, ya que me concentro en el lenguaje fotográfico.

¿Cómo es que surge el interés por trabajar en conjunto y reunir la fotografía, la instalación y el video en una muestra colectiva?

Antes que nada surge de la urgencia de aprovechar una instancia de apoyo externo para difundir un determinado producto artístico. El resto se desarrolla de manera más o menos natural. La posibilidad de trabajar en conjunto, es prácticamente una obligación en el arte hoy en día. Se necesitan varias miradas que confluyan en determinados ejes temáticos definidos con antelación. La variedad del grupo, va a determinar la frescura del discurso artístico, y evitará que caigamos en planteamientos algo más monolíticos y unidireccionales. Por último, la intención de trabajar en grupo, simplemente responde a la misma lógica de convivencia que nos determina a diario. No estamos solos.

¿Desde donde proviene el interés por trabajar la temática de la memoria?

Es un tema bastante manido en los ámbitos artísticos y literarios, historiográficos y por ende turísticos. La idea nace de tomar conciencia sobre el mismo lugar que nos convoca como artistas, y nuestro “deber” de contestar responsablemente a ese llamado. Una de las urgencias que identificamos en nuestras conversaciones previas era apelar a un posible desmontaje de esas estructuras discursivas que determinan lo que colectivamente llamamos “memoria” en su sentido patrimonial y culturalmente compartido. Una reflexión resultante de esta “primera pasada por el tema” es que todo ejercicio identitario siempre es dinámico y sumamente dúctil. Por ello abandonamos la noción de Memoria y ponemos el ojo en las memorias particulares, transferibles sin el marco institucional que las determine como un producto. Sin duda esa urgencia nace de la imposibilidad de que en este proyecto digamos, lo que ya está dicho hasta la saciedad, sobre los trenes y sobre Neruda, por ejemplo.

¿Por qué eligieron la casa de máquinas como objeto y metáfora de la memoria, qué imagen constituyó ferrocarriles?

Simplemente porque como dije antes, vimos que era sumamente pertinente reflexionar estética y simbólicamente sobre el mismo espacio institucional que nos acogió como artistas visuales, revisar la arquitectura discursiva de la Historia del Ferrocarril en la Araucanía, y desconstruirla, en el mejor de los casos, dejar que sus propios protagonistas lo hagan por nosotros.

¿De qué manera las artes visuales aportan al rescate y divulgación de la memoria, tienen algún énfasis, una mirada particular?

Las artes visuales por esencia, y no sólo las visuales, trabajan desde y por la memoria. Toda imagen que es producida bajo estas lógicas, bastante generales y particulares dependiendo de su época, técnica, perspectiva etc., emerge desde el estrato de la experiencia, de lo aprehendido. La imagen artística no surge de la nada, por generación espontánea, sino que “emerge” como un fantasma de la conciencia o subconciencia del autor, creador, productor, como también, “aparece” en la medida en que el expectador se encuentra con el objeto artístico. Todo lo referente al arte tiene que ver con lo adquirido, con lo que ya fué. La tensión arte-tiempo es el principal motor de la concreción de lo artístico, ya que de esta tensión surge el objeto. Durante miles de años lo artístico se ha fundado en “lo que pasó” y en esencia, es un vehículo transformador de la memoria colectiva e individual. Estos fantasmas que comento, espectros, la imagen en sí, no emerge sino estuviera ya, alojada en el imaginario de antes. El arte no es creación, es re-creación.

¿Cómo podrías introducir a los visitantes que no acostumbra ver arte en este formato? Y al mismo tiempo ¿cuál es la importancia de otorgar acceso al público regional a propuestas de orden contemporáneo?

Lo primero es indicar a los visitantes que el arte no hay que entenderlo, ya que ello prejuicia la percepción. La capacidad de ver una propuesta artística y no pretender entenderla es un “acto de libertad”. Si bien es importante que produzca cierto sentido, ciertas vibraciones que queden presentes a modo de interrogantes, contradicciones, juicios puros etc. ello dependerá de la actitud. Si el espectador se siente “tomado de pelo” ya no hay caso. Generalmente este tipo de producciones sólo adquieren sentido para los “entendidos” o cercanos al arte y los niños. Para el gran común denominador del público es una batalla perdida (por ahora). Eso también es un acto de libertad. Por otro lado sino interpelamos al espectador medio a este tipo de propuestas que le obligarán a un esfuerzo cognitivo, no habremos hecho nada para “liberarlo” de la industria mediática, o apenas, darle unos segundos de descanso.

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