ENTREVISTA A JUAN CARLOS GEDDA: “El cine como arte no tiene por qué tener rentabilidad”

Después de recibido el Premio Enrique Eilers Mohr 2011, otorgado por la Asociación Gremial de Trabajadores del Audiovisual y el Cine de la Araucanía en el marco de la celebración del Día del Cine Chileno, Juan Carlos Gedda, destacado realizador audiovisual,
reconocido por su trabajo como documentalista, principalmente en la serie de televisión “Al Sur del Mundo ” entre otras realizaciones de corte cultural y naturalista como “Los Hombres del Cochayuyo” y “La Vida y la Muerte del Cisne de Cuello Negro”, nos concede una entrevista donde nos entrega un panorama histórico y el estado actual de la actividad audiovisual en La Araucanía, sus determinantes y posibilidades futuras de desarrollo.
Hijo de un colono italiano y madre chilena, atribuye su vocación a las inquietudes artísticas presentes en el conjunto de su familia. Su etapa formativa la relaciona a la experiencia de su hermano Máximo, quien es un Detenido Desaparecido de la dictadura y quien fue parte de las primeras generaciones de directores de TVN guiadas por el comunicólogo español José Manuel Calvelo, a quien se atribuye la creación del Modelo de Comunicación para el Desarrollo que incorporaba en su práctica el uso de los instrumentos audiovisuales con fines educativos. Circunstancia, que él mismo señala, le otorgó acceso a la industria televisiva y a la vez dar continuidad y desarrollo a un modo particular de enfrentar el trabajo audiovisual, conformando en la práctica una escuela de realizadores.
¿Cómo surge el desarrollo del cine chileno, y como se adscribe a este proceso la producción regional?
El desarrollo del cine chileno tiene una inflexión que es el Golpe Miltar, el cual se genera justo en el momento en que de alguna manera el cine chileno comienza a construir su arquitectura académica y a generarse escuelas de formación. Lo que se hacía antes, era un acercamiento empírico. En el periodo del 70 la única opción clara académica era la Escuela de Cine de Valparaíso, pero el Golpe echa por tierra todo eso. Paralelamente en torno al Gobierno de la Unidad Popular se genera mucho registro documental del proceso social que estaba ocurriendo, sin duda era el nacimiento del cine chileno, pero después queda reducido prácticamente a nada. En regiones ni hablar. En los 80 éramos solo espectadores de cine.
El cuerpo audiovisual que se genera en la región comienza alrededor del año 92 - 93, incluso más tarde. Mucha gente que logró hacer sus películas lo hizo de forma autofinanciada utilizando la producción de bajo costo. A partir del año 2002 con la creación de la Escuela de Comunicación Audiovisual (de la Universidad Mayor) se empieza a impartir formación académica que es clave en el desarrollo de la ficción, entregando herramientas técnicas que permite que se empiecen a producir pequeñas incursiones en este género. Por otra parte, está lo que ha hecho la Escuela de Arte de la Universidad Católica y también la Escuela de Antropología.
¿Qué nombres de su generación han sido un aporte al desarrollo del audiovisual en esta región?
Yo tengo una laguna, porque estuve veinte años fuera prácticamente, pero de las personas que yo asocio al trabajo audiovisual a nivel formativo recuerdo a Jorge Méndez en el ICHNOC como una persona inquieta, que es un fotógrafo con incursiones en el área cinematográfica; Oscar Árias que se formó en la Universidad Católica de Valparaíso en cine, que ejerció poco como cineasta, pero sí era parte del Cine Club Liceano que había formado Enrique Eilers. Y luego la gente que sale del ICHNOC empieza hacer pequeñas cositas pero a nivel más institucional, ocupándose más que todo a canales como camarógrafos, montajistas, etc., pero muy poca producción independiente, hasta la fecha que te mencionaba pasado los noventa.
Existe en la actualidad un número considerable de audiovisualistas desarrollando trabajos documentales, en su mayoría referidos a la problemática mapuche y también al rescate patrimonial cultural - mapuche y regional en su conjunto - …
Hoy día hay un universo creciente de realizadores audiovisuales a nivel nacional generado a partir de la Universidad (Mayor) y también del Ministerio de Educación y Consejo de la Cultura, que comenzó con una formación más sistemática y que incorporó algunas agrupaciones de audiovisualistas en procesos de formación que empiezan a generar pequeñas productoras y a entregar preparación en áreas más especializadas del quehacer cinematográfico, entonces eso comienza a consolidar. En la región por ejemplo se encuentra “Contraluz” que fue la primera agrupación de audiovisualistas a la cual pertenecen Benito Rivas, Nabil Rodríguez, Jaime García, Carolina Campos, y es un grupo que viene potente por fuera de la Academia. Después vienen las primeras generaciones de la Universidad (Mayor) que empiezan a formar sus pequeñas productoras.
Desde su mirada de autor y respecto de la propuesta creativa y de imagen presente en este conjunto de trabajos audiovisuales, ¿cómo considera el manejo del lenguaje audiovisual y cuáles cree usted que serían las principales falencias y/o contribuciones realizadas en el último tiempo para el desarrollo de la disciplina?
No conozco todo el cuerpo visual en documental, me cuesta hacer una crítica, he visto mucho trabajo pero no todo y eso me inhabilita un poco. Pero hay obras que son destacadas como por ejemplo uno de los realizadores que viene más fuerte en el área documental sin duda es Guido Brevis, del cual conozco poco su trabajo pero sí su impacto social, sé que ha estado seleccionado en festivales con su documental “Aniceto”. Después la Católica ha generado obras incipientes que se han hecho en el proceso de los diplomados; después Benito Rivas y Nabil Rodríguez han hecho algunos trabajos de documentación sobre talentos regionales, escritores. Sobre patrimonio cultural ha trabajado mucho Marcelo Cuevas también. Pero lo que pasa es que no sé si la finalidad del documental es crear lenguaje, yo tengo la impresión de que el documental no es tan subjetivo.
El documental ha ido cambiando en el transcurso de la historia, ha ido tomando un poco el carácter que toma la historia y que toman los pueblos, en la medida de ir aplicándose más una relación democrática en el sentido de que los personajes hoy día tienen más micrófono que antes. De alguna manera se expresan sus puntos de vista y no el del realizador. Pero el documental no creo que persiga o se desangre en buscar una propuesta creativa, sino que ha viajado en buscar una propuesta narrativa, en el sentido de dar más espacio a los actores sociales. Ello está asociado a un cambio social y en la forma de relacionarse de las personas y también a cambios tecnológicos. Hace veinte años atrás no habían micrófonos inalámbricos por lo tanto costaba mucho conseguir un testimonio permanente de un actor social de buena calidad. Entonces esos elementos técnicos y entender que es importante el punto de vista del personaje, la gente ha ido recogiendo el lenguaje (porque los realizadores ven documentales), porque aquí en esta región no ha habido una formación documental tan clara excepto la que ha entregado la Universidad Católica para el área social, pero a nivel de Escuela aquí el documental no ha sido desarrollado, la Escuela (de la U Mayor) ha orientado gran parte de su esfuerzo al tema de ficción. El documental no ha tenido espacio y sin duda es una deficiencia. Fuera, probablemente, del tema más cultural o patrimonial inmaterial yo creo que no se han hecho documentales potentes vinculados a temas sociales mapuches, excepto la obra de Brevis y un par de realizadores de Santiago, yo creo que estamos en deuda, porque además es un tema muy difícil de registrar porque pasas a ser casi fugitivo si haces un documental mapuche.
¿Qué opinión le merece en cuanto a calidad audiovisual la realización de Elena Varela “Newen Mapuche”?
Yo no he podido ver la obra terminada de Elena Varela, a pesar de que me tocó estar de presidente de la Agrupación de Audiovisualistas cuando se produjo el conflicto, cuando le incautaron el material de lo que estaba haciendo en Neltume. Nosotros nos abocamos al tema de la defensa, a la libertad del ejercicio, a la protección de los testimonios, al secreto de la entrevista. Ella no es de acá. Lo que voy a decir es bien fuerte, yo tengo la impresión que ella no inscribe su obra en el desarrollo del audiovisual regional, es un trabajo aislado que ella hace por algún afecto político pero no sé si un afecto cultural. Yo la defendí pero no tengo los elementos suficientes para analizar su obra y me tengo que reservar un juicio también sobre su trabajo. Espero poder compartir un juicio cuando lo tenga. Pero mi impresión es que no es un trabajo en profundidad.
En cuanto a la formación de las nuevas generaciones, ¿estima que existe la posibilidad de encontrar una base formativa en las actuales escuelas presentes en la región? ¿Es recomendable quedarse acá?
Buena pregunta. Yo diría que en parte sí. Para los que quieren trabajar en ficción probablemente esta Escuela (de la U. Mayor) le puede resolver parte del problema, pero en el área documental aquí todavía no hay respuesta. Lo que pasa es que el documental… antes el cine era una segunda carrera, era una búsqueda de herramientas para las personas que tenían algo que decir, tanto en el ámbito filosófico, humano, vinculado a la ficción o en el ámbito de la realidad social. Entonces, si tú me apuras un poco, yo diría que a veces las escuelas audiovisuales no sé si son tan necesarias porque no te pueden enseñar a pensar, te van a enseñar tecnología. Entonces si alguien tiene vocación en el ámbito social que estudie antropología y después que haga una carrera corta para adquirir herramientas audiovisuales. Si un tipo quiere ser un gran director de cine que estudie filosofía primero y si después piensa que el cine es la herramienta que le permite decir lo que tiene que decir que estudie cine por un tiempo, o si quiere escribir que estudie narrativa literaria un tiempo. Ahora si alguien quiere adquirir tecnología para trabajar en algún canal o en televisión que venga aquí primero, pero si se quiere proyectar como autor no tiene sentido que venga acá.
Entonces usted señala que la formación humanista es fundamental en la formación para el trabajo audiovisual
Sin duda, y las escuelas hoy en día no lo están resolviendo. Las escuelas en Santiago han resuelto mucho mejor ese tema. Gran parte de los realizadores nacionales que han dejado una huella son gente que ha pasado por el ARCOS, universidades que tienen un claro compromiso social. Tecnología audiovisual yo creo que se puede aprender acá, pero para hacer ficción necesitas preparación en otros ámbitos, el cine hoy es la novela de ayer, y si tú quieres mirar la sociedad con lupa y una mirada crítica tienes que tener una formación muy sólida en el ámbito filosófico o sociológico. Cómo interpretas la realidad. Yo creo que es complejísimo.
En relación al auge de las nuevas tecnologías y su democratización: ha surgido una nueva valoración del registro visual que ha derivado en la producción audiovisual de tipo no profesional. ¿Cree que es una posibilidad válida para desarrollar el arte del cine?
Lo que está pasando ahora me parece que es fantástico. Yo recuerdo haber hecho cine en un periodo en que tener una pequeña unidad de producción podía significar setenta u ochenta millones de pesos. O sea era una cuestión absolutamente elitista. Hoy en día una cámara fotográfica graba HD y puedes hacer un pequeño corto. Puede ser que si uno lo mira desde una perspectiva de la calidad técnica obviamente que van haber siempre equipos más sofisticados pero probablemente para las grandes producciones, pero en el ámbito de lo más concreto como el video como herramienta social, de registro yo creo que es fantástico.
De lo que usted puede apreciar, ¿hacia donde debería apunta la realización audiovisual regional para constituirse en una industria audiovisual? ¿Es posible tal objetivo?
Mira, a mí el tema de industria me empelota, porque en el fondo se ha querido que lo que el Estado ha invertido en recursos para el cine tenga retorno finalmente y pienso que eso no siempre es así. Entonces se está pensando en manejar los contenidos para que sean atractivos para un espectador y esa es la muerte del cine como arte. El cine como arte no tiene porqué tener rentabilidad, fantástico si la tiene, para qué nos vamos a negar a eso. Pero no puedes pensar en el cine como una expresión cultural y artística si estas pensando en industria. Ha sido lo más nefasto. Yo creo que en el fondo, y apelando a la democratización de la tecnología, pensemos en hacer cine no fondodependiente, no pensemos en hacer películas ambiciosas, pensemos en pequeñas cosas, si solo tenemos que echar andar la cámara. Entonces pensemos en películas de menos actores; documentales de un personaje. Uno de los principales errores que yo reconozco en mis obras audiovisuales es la ambición y eso hace que se deformen. Obviamente que el riesgo de los fondos que son concursables, a pesar de algunos intentos de incorporar una tendencia más ecléctica, los evaluadores se transforman en un comité editorial. Sin embargo no son mundos irreconciliables. También es una locura pensar que puedes hacer una película con dos chauchas, eso es irreal. Como también es irreal pensar que no puedes hacer una producción con bajo presupuesto. Ahí tenemos el ejemplo del “Chacal de Nahueltoro”, sigue siendo probablemente la película más potente chilena.







